El sábado fue una noche de festival ideal. Un solo escenario, en el pueblo, entrada libre, temperatura perfecta, ron con cocacola en el coche (a cincuenta metros del escenario) y cervezas en la barra a dos euros. Un ambiente increíble, de modernillo provinciano y
camacus a la fuga (ese era nuestro caso). Pudimos hablar con PAL fuera de horas laborales y vimos otra vez a los grandes Pony Bravo. Fue un honor y una sorpresa poder ver por primera vez a Lasers, que darán mucho que hablar, y certificar la calidad de Joan Colomo, incluso cuando se pone fiestero. Por cierto, que los Chemical Cusins molan.
A dormir en el coche tres horas y luego el domingo hacia Cala Castell a pegarse un baño, con el correspondiente viaje de vuelta de tres horas por caravana pre-futbolística. Si lo único bueno del mundial -que sin duda lo es- es el beso de Casillas y Sara Carbonero, podrían habernos ahorrado todo lo anterior, ese ataque masivo de publicidad y basura nacionalista, ah! y partidos.
¡Felicidades a la organización del Lemon Day!